GARA, 23/02/2000


      ATENTADO CONTRA FERNANDO BUESA

      El coche-bomba estalló al paso del parlamentario del PSE y su escolta, un agente de la Ertzaintza

      Carlos DRONDA | GASTEIZ

      Fernando Buesa, secretario general del PSE en Araba y parlamentario por esta formación política en la Cámara de Gasteiz, falleció ayer en la capital alavesa al estallar a su paso un coche-bomba previamente aparcado en la calle Aguirre Miramón, en la zona del Campus universitario.

      A consecuencia del atentado también resultó muerto el escolta de Fernando Buesa, el ertzaina Jorge Díez Elorza, gasteiztarra de 26 años. Este había ingre- sado en la Policía autonómica hace cinco años, dentro de la XIII promoción, y estaba afiliado al sindicato ErNE. Díez realizaba labores de escolta desde el pasado mes de octubre. Una mujer de 51 años, por su parte, sufrió heridas leves, de las que fue tratada en el hospital de Santiago, a donde acudió ella misma por su propio pie.

      El de ayer es el segundo atentado mortal de ETA desde que esta organización diera por terminada la tregua el 28 de noviembre de 1999. El pasado 21 de enero, otro atentado, también con un coche-bomba, le costó la vida en Madrid al teniente coronel del Ejército español Pedro Antonio Blanco García.

      Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez, murieron prácticamente en el acto debido a la explosión de un coche-bomba activado a distancia mediante un radiomando, según informó la Consejería de Interior. El vehículo, una furgoneta Renault Express de color blanco, estaba aparcado en la calle Aguirre Miramón, casi en la confluencia con Nieves Cano, a escasos trescientos metros del domicilio particular de Buesa y frente a la Escuela de Ingeniería Técnica de la UPV y los institutos Federico Baraibar y Ramiro de Maeztu.

      La furgoneta contenía una cantidad de explosivo similar a la utilizada el 21 de enero en Madrid ­alrededor de veinte kilogramos­ y estalló al paso del parlamentario del PSE y su escolta. Eran las cinco menos veinte de la tarde, y en ese momento ambos caminaban hacia el centro de la capital alavesa. Tras el estallido, los cuerpos de Buesa y Díez quedaron tendidos a unos cinco metros del vehículo, aunque el escolta fue trasladado a unos cincuenta metros por varios trabajadores que estaban arreglando el pavimento de la calle Nieves Cano. Estos fueron los primeros en socorrerle pero sus intentos fueron inútiles. Al lugar también acudieron varios estudiantes y trabajadores de la Escuela de Ingeniería Técnica, quienes utilizaron extintores para intentar sofocar las llamas que había provocado la deflagración.

      La furgoneta empleada en el atentado quedó totalmente destrozada, con sus restos ­un amasijo de hierros humeantes­ empotrados contra un contenedor de papel y cartón. Tres automóviles aparcados junto a ella sufrieron daños de importancia, al igual que un chalé próximo y el instituto Federico Baraibar, muchas de cuyas ventanas se rompieron a consecuencia de la deflagración. Una unidad del servicio de bomberos de Gasteiz acudió al lugar de los hechos para sofocar las llamas, así como sendas ambulancias de la DYA y una uvi móvil de Osakidetza que esperaban para trasladar los cuerpos.

      Los cadáveres de las dos víctimas permanecieron en el lugar de los hechos, cubiertos por sendas sábanas blancas, hasta las ocho menos veinte de la tarde, hora en que el juez de instrucción ordenó su levantamiento. Las primeras diligencias del caso le han sido encomendadas al Juzgado de Instrucción número tres de la capital alavesa, en colaboración con el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Una vez recibida la orden del juez, los cadáveres fueron llevados al Instituto Anatómico Forense de Gasteiz y hoy mismo será instalada la capilla ardiente de Fernando Buesa en la sede del Parlamento autonómico. La capilla será abierta al público a las diez de la mañana y, por la tarde, una manifestación partirá del mismo lugar.

      Confusión inicial

      La confusión fue la nota predominante en los minutos que siguieron a la explosión que acabó con la vida del secretario general del PSE de Araba y su escolta. El fuerte estallido del vehículo y la columna de humo negro que se elevó casi simultáneamente hicieron saltar la voz de alarma. Dotaciones de la Policía Municipal y de la Ertzaintza, algunos de cuyos agentes se trasladaron desde la cercana sede de Lehendakaritza, se encargaron de acordonar la zona, tomada por cámaras de televisión, fotógrafos y numerosos estudiantes y trabajadores de los centros educativos adyacentes.

      En un primer momento, las noticias, confusas, apuntaban a que las víctimas eran dos mujeres, «una señora y una joven que pasaban por allí», según comentaban algunas personas que ni podían ni trataban de disimular su nerviosismo. Otras, entre sollozos, mostraban y explicaban los daños que había producido la explosión en los institutos Federico Baraibar y Ramiro de Maeztu, rotas las ventanas de varias de sus aulas por efecto de la onda expansiva. Entretanto, los alumnos del centro ya estaban en la calle, donde se vivieron momentos de tensión.

      Pasados los primeros instantes fue cobrando fuerza el rumor de que las víctimas no eran dos mujeres, sino un hombre y una mujer, y que una de ellas podía ser Fernando Buesa. A falta de confirmación, la confusión era máxima en la confluencia de las calles Nieves Cano y Aguirre Miramón. Agentes de la Ertzaintza y de la Policía Local seguían ampliando el cordón de seguridad, alejando a la gente del lugar donde yacían los cadáveres de dos personas de identidad todavía, en aquel momento, desconocida. Hubo de pasar media hora desde el estallido del coche-bomba para conocer a ciencia cierta que Fernando Buesa era uno de los dos fallecidos. Fue su compañero de partido Javier Rojo quien hizo oficial la noticia, informando asimismo de que la segunda víctima era el escolta del parlamentario del PSE. La identidad del ertzaina, Jorge Díez Elorza, no obstante, no se conoció hasta bien entrada la tarde.

      Furgoneta robada

      Fuentes de la investigación citadas por Europa Press afirmaron horas después que la furgoneta utilizada en el atentado había sido robada hace cerca de un año, durante el alto el fuego de ETA. La explosión del vehículo, que portaba matrículas falsas, hizo un agujero en la calzada.

      Hasta ayer ningún dirigente del PSOE había muerto en atentado desde 1996, año en que ETA mató a Fernando Múgica Herzog, hermano del cabeza de lista de la candidatura del PSE al Congreso por Gipuzkoa.

      Precisamente hoy se cumplen dieciséis años de la muerte del dirigente del PSOE Enrique Casas en Donostia.


      Rojo confirmó la identidad de los fallecidos

      El vicesecretario general del PSE de Araba fue el encargado de dar la noticia

      C. D. | GASTEIZ

      Javier Rojo, vicesecretario general del PSE de Araba, asumió la responsabilidad de confirmar ante los medios de comunicación lo que hasta ese momento no pasaba de ser un rumor más o menos consistente, que Fernando Buesa, número uno del PSE alavés, era una de las víctimas. Su compañero de partido fue el primer dirigente del PSE en llegar al lugar de los hechos. Lo hizo acompañado por su hermano y una de sus hijas. Traspasó el cordón de seguridad fijado por la Ertzaintza y la Policía Municipal y fue un agente de este último cuerpo el que le dio la noticia. La conversación entre ambos, muy breve, fue seguida con atención desde el otro lado del precinto. Las manos a la cabeza y las lagrimas de Javier Rojo fueron suficiente confirmación de que el rumor pasaba a ser una realidad. Fernando Buesa era una de las víctimas. Poco después, el vicesecretario del PSE en Araba comparecía ante los medios para hacer oficial la noticia. «No se puede decir nada más, que estamos destrozados, la situación es tremenda», declaró. Luego, visiblemente emocionado, se alejó de los micrófonos.

      La confluencia de las calles Nieves Cano y Aguirre Miramón se convirtió en los momentos siguientes a la explosión en punto de encuentro de destacados miembros de la clase política vasca, y alavesa en particular. Al lugar acudieron, entre otros, el consejero de Agricultura del Gobierno autonómico, Iñaki Gerenabarrena; el delegado del Gobierno español en la CAV, Enrique Villar; y los parlamentarios del Partido Popular Carlos Urquijo y Carmelo Barrio. Este último afirmó que «éste es un día terrible para todos los demócratas y todos los vascos, para todo el país. Los asesinos de la libertad nos han matado un poco más a todos los demócratas».

      También hizo acto de presencia el alcalde de Gasteiz, el conservador Alfonso Alonso; y los concejales de Hacienda, Javier Maroto, y Urbanismo, Jorge Ibarrondo, ambos del PP. De las filas de Unidad Alavesa se dejó ver Antón Sáenz de Santamaría.


      La rueda de prensa más corta de Josu Jon Imaz

      C. D. | GASTEIZ

      Como cada martes a las cuatro y media de la tarde, también ayer el consejero portavoz del Ejecutivo de Lakua, Josu Jon Imaz, compareció en Lehendakaritza ante los medios informativos para dar cuenta de los acuerdos del Consejo de Gobierno, que había celebrado su reunión semanal por la mañana. Imaz dio comienzo a la rueda de prensa informando de un acuerdo de contenido económico referido a prestaciones sociales, pero ni siquiera pudo terminar su inicial intervención en euskara. El estruendo de una explosión ­en ese momento de causa todavía desconocida para todos los allí presentes­ interrumpió el discurso del consejero Imaz, quien no pudo evitar agachar la cabeza, en un gesto puramente instintivo, cuando se oyó la deflagración. Los periodistas presentes en la sala se abalanzaron sobre los amplios ventanales intentando ver algo más que un simple cielo que amenazaba lluvia. Inútil, aunque la sospecha de un posible atentado estaba ya en boca de todos. Los teléfonos, móviles y fijos, empezaron a funcionar, y Josu Jon Imaz se quedó sin rueda de prensa, tres minutos después de que empezara.

      Ya en la calle, bastó con superar la puerta de salida de Lehendakaritza para que una columna de humo negro que se elevaba sobre las viviendas de la zona delatase lo sucedido.

      La gente salía de la Escuela de Ingeniería Técnica y de los institutos Ramiro de Maeztu y Federico Baraibar y se agolpaba en las aceras mientras ertzainas y policías municipales intentaban alejar a los más curiosos y comenzaban a acordonar la zona en previsión de que un segundo coche-bomba pudiera hacer explosión, tal y como alguno de los presentes advertía. Otros, más despistados, preguntaban qué había sucedido y confesaban su sorpresa porque «había pensado que habría sido una bombona de butano o algo de eso».

      La furgoneta empleada por los autores del atentado todavía ardía, al igual que tres coches aparcados junto al espacio que poco antes había ocupado el vehículo-bomba. Los bomberos se encargaron de sofocar las llamas poco después, mientras agentes de la Ertzaintza cubrían los cadáveres, todavía visibles, de Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez Elorza.

      De la mujer de 51 años que resultó herida leve nadie sabía nada, ni siquiera su existencia, aunque algunos hablaban de tres heridos y el consejero de Interior, Javier Balza, indicaba, en sentido contrario, que al Departamento no le constaba ese dato. Finalmente, bien entrada la tarde, se supo que la herida en cuestión se había desplazado al hospital por su propio pie.

      Índice home